La Edad Media nos ha dejado en la historia un compendio de situaciones que hasta nuestros días posiblemente no alcanzamos a entender como son el caso de las historias y leyendas que se desarrollaron desde esa época sobre las brujas, las cuales fueron recreadas desde finales de esa época. 

En ese momento histórico, el continente europeo se encontraba inmerso en una verdadera obsesión por la brujería y la herejía, todo gracias los temores infinidades por la religión dominante, es decir, el cristianismo. De este modo, no existe la posibilidad de entender las historias acerca de las brujas ya que, de la doctrina de dicha fe es de donde nace tal reacción. Esta reacción ante lo que según decía la palabra de Dios se manifiesta de diversas maneras, pero por supuesto, todas heréticas de acuerdo a la Iglesia evidentemente, aunque quizás sea el satanismo y todo lo que se relacione con el Diablo lo más sugerente, inquietante y desconocido. 

Visto desde tanta penumbra, es que puede ser manejado el tema de la brujería, y no enfocado desde el comportamiento de las conocidas brujas buenas quienes solo se encargan de practicar la adivinación, algún tipo de medicina o amarres de amor, sino de las brujas aquelárricas, que son las llevadas a rendir culto al mismísimo Diablo y de las mismas que han hecho un pacto con Satán. Estas son en realidad las brujas que dan miedo, esas que aparecen en nuestras pesadilla, que devoran niños y que raptan personas y animales. 

El arte de la es rotura nos ha legado el conocimiento de estas leyendas, de las que innumerables escritores han plasmado a través de su pluma para el conocimiento universal. Uno de estos títulos es Brujas yendo al Sabbath, escrito por Luis Ricardo Falero, en el año de 1878. En este se expone la vivencias de estos personajes durante el Imperio romano, donde fueron los propios cristianos quienes eran acusados de realizar reuniones clandestinas donde degollaban niños, mantenían relaciones sexuales y adoraban a animales. 

Una vez que la cultura romana decayó, la ideología y la moral pasó a manos de los cristianos quienes la dominaron y de inmediato redactaron innumerables leyes enfocadas en contra de las prácticas paganas, y ello incluía la adivinación y la astrología, pero también el ejercicio de la magia. 

Más tarde, alrededor del año 906, fue publicado el Canon Episcopi, este se trataba de un documento donde se ridiculiza la idea que hasta entonces se tenía de que existieran en realidad las brujas, esas que volaban sobre sus escobas y que además realizaban algún tipo de magia. Este tipo de percepción tomó un giro radical a partir del siglo XIII, cuando fue la misma Iglesia quien comenzó a comprender que la brujería sólo era una práctica común entre los que deseaban establecer algún pacto con el Diablo. 

Para 1249, tiene lugar el inicio de la Inquisición de Aragón, que cuenta como la primera inquisición estatal que se llevó a cabo en el mundo, para un siglo más tarde, en 1326 es publicada la bula papal Super illius specula, en donde es equiparada la brujería con los actos de herejía. En 1484 de manos del papa Inocencio VIII, se declara como cierta la existencia de la brujería, y ello es plasmado en la bula Summis desideratis affectibus, donde se asegura que un sinnúmero de personas fornican con el demonio sin evitarlo por medio de sus brujerías, conjuros y hechizos, tras lo cual hacen perecer la fecundidad en las mujeres. 

Cómo podemos notar, la literatura se ha encargado junto al poder de la iglesia, de llevar la documentación y la dirección de las historias referidas a las brujas, incluso se ha logrado desdeñar en tres tipos de brujería:

  • La brujería de los que proceden a la adoración de demonios, se humillan ante ellos, queman incienso y cantan oraciones
  • La brujería de quienes siguen un culto donde se mezclan nombres de demonios y de santos, y además se ruega que los primeros se comporten como mediadores ante Dios
  • Y la brujería de los que también invocan demonios, pero trazando figuras mágicas, para luego colocar un niño en medio de un círculo. 

Nos toca seguro indagando sobre tal evolución, o si aún la historia nos seguirá guiando por el camino más conveniente para que sobrevivan los más poderosos.

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