Sin importar sin son o no plantas provenientes del cultivo de semillas feminizadas, el aspecto de las esculturas realizadas con marihuana resulta tan apetecible que cualquier persona podría querer consumirlo. Y es que el artista Andrei Koschmieder, se ha encargado de recrearnos fragmentos de cannabis a base de resina, papel y pegamento, a lo que su público se pregunta si alguien ha intentado fumarlo. Aunque ello aún no ha ocurrido, aún no es tarde para que esto pueda ocurrir.

En los previos de su exposición, el artista siempre hace una acotación: «No se fume el arte». Estamos seguros de que a ningún espectador se le habría ocurrido dentro del museo o de la sala de exposiciones, y es que en su caso existe una buena razón pues el artista alemán coreano Andrei Koschmieder se encarga de diseñar extrañas esculturas que tienen forma de cannabis.

Koschmieder se ha dedicado a recrear una suerte de dispensario, aunque sólo se trate de una obra de arte, desde el cual pueden observarse distintos envases de cristal contentivo de cogollos de marihuana expuestos sobre telas blancas. La exposición muestra pequeñas ramas de marihuana que dan la apariencia de que brotan y se cuelgan en los recipientes. Quien decidiera hacer algo con ellas, no será mucho lo que logre aunque su apariencia resulte bastante realista y apetecible.

Tras cada uno de sus trabajos, el artista busca desarrollar en cada uno de sus trabajos de forma detallada lo delicado de los rasgos de los cogollos de marihuana real, la observación y el detalle son la base de estos modelos que han sido arrugados para unirlos y hacerlos semejantes a los reales. Su idea es hacer un juego a partir de la realidad, traspolandola a modo de metáfora que sólo se enfoca en hablar de una marihuana que es falsa, de ese deseo y de la emoción que se produce debido al tabú y de lo que presenta en un posible futuro en el que los «estados psicológicos puedan ser imprimidos directamente.

Koschmieder afirma que tales reproducciones sólo buscan incitar una «reacción psicológica», donde se busca que los sentidos de quien observa alcancen a intuir que el cannabis ficticio es un producto fresco y natural y que se puede hacer aún más real cuando es mirado bajo la influencia del verdadero consumo.

Quizás nos surjan algunas preguntas como por ejemplo, si alguien ha intentado fumarlo alguna vez, y la respuesta a ello es no, ya que el pegamento que se emplea en la elaboración podría resultar bastante perjudicial. Por si fuera poco, y ante la insistencia de todas las personas que acuden a la exposición, el artista se ha planteado el hecho de permitir que alguno de los visitantes haga la prueba. Posiblemente los resultados que se obtienen son desagradables, nada comparado con lo que podría suceder si fuese la planta original.

Para quien haya vivido la experiencia de cerca con la verdadera planta, sería genial poder tener de cerca la falsa planta y poder alcanzar una comparación o perecer en el engaño.

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